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Gestión pública en el ámbito rural
Moral de Hornuez (Segovia)
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Desde niña he pasado gran parte del año en una aldea de la provincia de Segovia llamada Moral de Hornuez. Una de esas miles de aldeas que todos los que no la tienen la anhelan porque nunca han podido que “se van de vacaciones al pueblo”.

Un buen amigo escribió sobre ella hace muchos años algo así como…

Si es verdad que Dios existe, es allí donde habita

Difícil superar una descripción más clara y con más sentimiento que la que hizo mi querido Jorge Jimeno de Pablo sobre el que, para mí, es uno de los mejores rincones del mundo.

Y lo es, no por sus riquezas materiales, sino, precisamente, por todas las riquezas que nunca jamás encontraría en otro lugar:

Olor a pastos, hierba mojada, prados verdes, ganado suelto, gallinas que ponen huevos de verdad en plena libertad, lechazos que saben a ello, bodegas centenarias excavadas manualmente por nuestros antepasados, viñedos –muchos de ellos muertos o en proceso de morir-, cultivos de secano –casi improductivos-, huertos con tomates y hortalizas, paseos al atardecer camino a Hornuez –un lugar mágico, de ensueño, desconocido a los ojos del mundo pero vital para los moraliegos y los vecinos de la comarca-, familia reunida ante la lumbre recordando a los abuelos, encuentros de primos –uno en cada punta del mapa-, amistad sincera con niños grandes que nos vimos crecer, ilusión por transmitir a nuestros hijos todo lo allí aprendido y, sobretodo, el amor a la tierra prometida de nuestros padres, los que tuvieron que emigrar porque en la posguerra se morían de hambre a pesar de las cartillas de racionamiento de las que tanto hemos oído a hablar.

Todo eso y muchísimas cosas más laten en Moral de Hornuez y en millones de pueblos perdidos, prácticamente abandonados de nuestra geografía, en la que, a día de hoy, apenas viven una decena de personas.

De todo ello a mí me quedan millones de recuerdos pintados en sueños frágiles, la mayoría buenos o casi buenos, de los que no reescribiría ni un solo renglón más que para añadir a este post un índice de progreso, de modernización, de adaptación a la revolución tecnológica, a la transparencia, al buen gobierno…

Por qué…

  • ¿Qué es buen gobierno en un Ayuntamiento como Moral de Hornuez?
  • ¿Cómo puede darse cumplimiento a los cientos de obligaciones que tienen los gobernantes y funcionarios vinculados a la gestión pública de municipios como el que os describo?
  • ¿Qué podemos hacer los gestores públicos para garantizar la pervivencia o, mejor dicho, un entierro a muy largo plazo de nuestros queridos pueblos?

Dicen que “mientras hay vida… hay esperanza”. Pues eso es lo que aplica en mi querido Moral de Hornuez… la prolongación de la vida, agónica, de una aldea sin recursos, pero con alma, que quiere vivir ante y por encima de todo, que quiere seguir en pie a pesar de que cada día amenazan ruina más construcciones sin habitar, que quiere seguir “pintando algo en el mapa” a pesar de que en algunos es difícil encontrarla.

Tal vez alguien, no sé quién, debería plantearse cómo pueden darse cumplimiento a tantas y tantas obligaciones legales –transparencia, buen gobierno, contratación, fiscalización, digitalización, protección de datos, etc.- cuando lo esencial, esto es, la existencia del municipio, no está ni tan siquiera garantizada.

A pesar de todo ello, no cambiaría por nada del mundo “el pueblo” en el que crecí durante parte de mi infancia, en el que maduré en mi juventud y en el que me retiro en cuanto tengo ocasión porque, para mi, es el mejor rincón del mundo y, mientras viva yo, seguirá vivo en mi.

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